Esa sensación de que te rompes por dentro, de que tu interior se congela y no le ves sentido a nada.
No puedes ni siquiera pensar, no ves las cosas claras, no sabes dónde vas, aunque tampoco buscas un destino.
Tú y tu mente vagan por parajes desiertos, desolados, pero sigues caminando, no tienes ganas de parar y que la realidad te alcance.
Solamente...escapar, ¿sabes?
Aislarte un poco de todo, pensar sólo en ti.
Porque, cuanto más quieres alejarte de lo malo, de la tristeza, parece que más violentamente entra en tu vida y desarma todo lo que has construido poco a poco, con delicadeza.
Y es que, ¿a quién le va a importar cómo estés, o lo que te pasa?
Al fin y al cabo, uno siempre se queda solo. Si eres como yo, que te aíslas y no quieres que los demás se preocupen por ti y todo eso, al final te quedas solo. Uno mismo se lo busca...
Y cuando pasa eso, que te vas rompiendo por dentro, ya no hay marcha a atrás. Llegas a un punto sin retorno en el que ni siquiera te esfuerzas en reconstruir tu vida, en ir a mejor. Nada de lo que te digan te importa, no te lo crees. Es tu lucha, contra todo, contra todos, contra uno mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario