sábado, 1 de septiembre de 2012

Muchas veces, estoy oyendo una canción y me motivo mucho, muchísimo vamos. Y me pregunto por qué esa no es mi canción preferida, o por qué ese grupo no es al que idolatro. Si tanto me gusta su música, podría ser que se encontrara en lo alto de mi lista de preferencias...
Pero después llega ese momento, puede que sea una cosa del destino o lo que sea, pero en el reproductor aparece ese grupo, el de siempre. 
A veces pasa que, como el mundo de la música es tan amplio, pasas mucho tiempo sin escuchar a un grupo o artista y lo dejas como olvidado. Pero eso, en realidad, no se puede olvidar, por muchas canciones que escuches. Si ese grupo te marca como este me ha marcado a mi, si con cada canción se te ponen los pelos de punta, si sientes los solos de las guitarras en tus venas y el sonido de la batería se compenetra con tus latidos,si te dan ganas de gritar las letras de sus canciones a los cuatro vientos, eso no se olvida.
Y ese momento es mágico, el momento en el que te das cuenta de por qué ese grupo es tu favorito, sin importante lo famoso que pueda ser, sin tener en cuenta lo que los demás opinen. Solos tú y tu música. Y es una unión tan fuerte, que a veces no se puede explicar. Pero seguro que alguna vez lo has sentido, con alguna canción, sea el estilo que sea. Porque esto es lo que nos une a todos: la música. Ese idioma universal.


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