viernes, 1 de junio de 2012

Se sentó cerca de la orilla. Quería que le llegara el olor del mar, que le contagiara su fuerza y sus ansias de libertad. Cerró los ojos. Solo se oía el romper de las olas contra la costa. Sintió la arena bajo ella, como se amoldaba a su cuerpo. Y, al contrario que en las películas, no se sintió feliz. De ninguna manera. Se sintió inmensamente desdichada.

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