Antes era así. Coger un balón, mirar al aro y olvidarme de todo. No pensar en otra cosa. Reventarme hasta la saciedad, exigirme al máximo, agotarme tanto física como mentalmente. La cancha, el balón y yo. Y nada más. Pero ya ni siquiera me queda eso. Porque ya no siento lo mismo cuando juego, porque no existe esa sensación de descargue, ese placer de botar un balón. Y me da pena, joder, claro que me da pena. La cancha es mi segunda casa desde, qué sé yo, desde siempre... T_T Las ideas se me habían agotado, pero pensé que el baloncesto me serviría de nuevo, que siempre estaría ahí....Pero al parecer, cuando algo va mal, arrastra todo consigo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario